sábado, 28 de julio de 2012

De nabos y otras mieles: Leonhard von Keutschach, príncipe-arzobispo de Salzburgo

Querido lector: sé bien que el titular de la entrada de hoy es la mar de gráfico, pero habrás de disculparme si te digo que la tentación me ha resultado irresistible. Y es que el inefable nabo ocupa un lugar de honor en el texto que sigue. 

Así, cual literato de época cervantina necesitado de cuartos, apelo a tu benevolencia y me encomiendo a tu liberalidad. 

Comencemos esta entrada de hoy con una pequeña anécdota sobre Leonhard von Keutschach (1442-1519), príncipe-arzobispo de Salzburgo desde 1495 y hombre a una nariz pegado, a juzgar por el siguiente retrato:


Desconfianzas hacia un báculo, I
Existe un suceso bien jugoso, como digo, si bien difícil de verificar, relacionado con este personaje. Se decía que el joven Leonardito solía despilfarrar grandes cantidades de dinero para mayor disgusto de su tío. Tal es así que éste, en un momento de hartazgo sumo, lanzó con certera puntería un nabo a la testa o a la faz de su sobrino, esperando así hacerle entrar en razón. 

No sé qué tal le sentaría a un ni-ni del tercer milenio que le tiraran un nabo a la cara, pero se ve que hace quinientos y pico años estas cosas funcionaban:  Leonhard volvió a la senda de la mesura y corrección, y además, haciendo gala de un saludable sentido del humor, hizo del nabo su símbolo heráldico, hasta el punto de ser apodado der Rübler, "el nabero". 

Coincido en que es un mote con clase donde los haya. 

En fin, aun hoy en la imponente fortaleza de Hohensalzburg, construida y ampliada por una larga serie de príncipes-arzobispos entre los siglos XI y XIX, podemos encontrarnos con hasta cincuenta y ocho nabos, correspondientes a la propia aportación de nuestro horticultor prelado al conjunto. 

Sin embargo, la relación entre los nabos y la heráldica es larga y próspera al norte de los Pirineos. Encaminémonos hacia Bélgica, tierra de buenos pintores, conflictos idiomáticos, patatas fritas, Jacques Brel... y nabos, claro.

La leyenda del nabo de Waasland*

Parece que un buen día nuestro Carlos V visitó, en calidad de emperador, la ciudad de Sint Niklaas, en Waasland (Flandes, hoy Bélgica). 

La población acudió en masa a recibirle. Entre ellos se hallaba un pequeño granjero que traía consigo un nabo de enorme tamaño (sic) con la esperanza de regalárselo al monarca. Los guardias le bloquearon el paso. Pero el emperador reparó en la escena, y se aproximó al campesino para preguntarle qué deseaba. Éste le respondió que era portador de un 'fruto gigante', y le expresó su deseo de entregárselo. Carlos V, complacido, aceptó el original regalo y recompensó al hombrecillo con una bolsa llena de monedas. 
Escudo de Sint-Niklaas, o San Nicolás de Flandes.
Mono, ¿verdad?

Enterado del suceso, un criador de caballos pensó en qué no podría conseguir si le regalaba al emperador Carlos uno de los más hermosos jacos que poseía. Sin embargo, llegado el momento, el monarca contestó que respondería al presente recibido con una de sus más preciosas posesiones. ¿Adivinan de qué se trata? 

En fin: avergonzado, el criador de caballos tuvo que aceptar el insigne nabo como recompensa, el cual se convirtió entonces en el símbolo de la fértil región de Waasland. Y como tal aparece en las banderas de varias localidades de la región.


Hasta aquí el final de esta breve entrada sobre heráldica singular y rijosa. Gracias por su atención y dos recomendaciones finales: sean buenos con su tío y eviten las dádivas por interés por interés. Se ahorrarán así el impacto de una hortaliza en lo más profundo de su alma.


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* Esta historia está tomada de http://flagspot.net/flags/be-waas.html. 

Mitología china: Sun Wukong y "Viaje al Oeste"


Hoy nos toca un poco de mitología asiática. Ayer estuve con una amiga china ante unas montañas austríacas conocidas como los Cinco Dedos, nombre que le recordó a un episodio puntual dentro de cierta leyenda, que yo no conocía y que me ha parecido interesante incluir aquí. 

Sun Wukong, o el Rey Mono, es el protagonista de la novela épica Viaje al Oeste, clásico de la literatura china basado en narraciones que se remontan a la época de la dinastía Tang (618-907). La obra describe el periplo de este personaje, junto a varios compañeros, para recuperar los sutras budistas de la India. Precisamente hindú es el origen que algunos atribuyen a este mono mitológico, relacionándolo con Hanuman, el héroe mono del Ramayana (el cual me parece adorable desde que vi Sita Sings the Blues).

Sun Wukong en una edición ilustrada de "Viaje al Oeste". Siglo XIX.


Sun Wukong, dice la leyenda, poseía una fuerza increíble, por lo que manejaba su bastón mágico de más de ocho toneladas* con gran facilidad. Virtuoso luchador, podía moverse a gran velocidad, transmutarse y transformar sus cabellos en animales y objetos. También conocía hechizos para dirigir el viento, separar las aguas, conjurar círculos protectores o congelar hombres, demonios y deidades. 

Nuestro simiesco amigo nació de una piedra mítica en la Montaña de las Flores y la Fruta. Tras unirse a un clan de su especie, se ganó su respeto al descubrir la Cueva de la Cortina de Agua tras una enorme catarata. El clan hizo del lugar su hogar y honró a Wukong como a su rey. Pero una tarde su mejor amigo, ya viejo, cayó muerto en el risco de una montaña. Fue entonces cuando Wukong comprendió que, pese a su poder, también él algún día habría de sufrir la muerte. Decidido a lograr la inmortalidad, se dispuso a viajar, lo que hizo hasta encontrar al maestro Bodhi, de quien se hizo discípulo. Bodhi le enseñó el habla y las costumbres humanas. Aunque al principio había tenido sus reservas, pronto le impresionó la gran determinación del simio. Fue él quien le bautizó como Sun Wukong: 'Sun' hace alusión a su origen como mono, y 'Wukong' significa 'consciente del vacío'. 

Pronto, la avidez e inteligencia del mono le hicieron uno de los discípulos favoritos de Bodhi, quien le enseñó las artes de la transformación, la transmutación, el desplazamiento ultrarrápido y conjuros diversos. Orgulloso de sus destrezas, Sun Wukong hizo un día una demostración de éstas ante sus compañeros. El revuelo organizado ante tal exhibición distrajo al maestro Bodhi, que, al enterarse de la soberbia de su alumno, se enojó y lo echó de su templo. 

En búsqueda de un arma digna de él, Sun Wukong viajó entonces a los océanos, y fue allí donde obtuvo su bastón mágico. Además, derrotó a los dragones de los cuatro mares y recibió como trofeo objetos igualmente dotados de poderes, como unas botas que permitían caminar por las nubes. El mono desafió después a las deidades del Infierno cuando éstas trataron llevarse su alma: en lugar de reencarnarse como los demás seres vivos, tachó su nombre del “Libro de la Vida y la Muerte” y raspó en él los nombres de todos los monos (tras lo cual seguramente diría algo así como epic owned).

Los Reyes Dragón y los Reyes del Infierno decidieron denunciarlo, ante tales excesos, ante el Emperador de Jade. Éste, esperando que dádivas y títulos lo apaciguaran, invitó a Sun Wukong al Reino Celestial, pero fue en vano. Después de ser excluido de un banquete, el simio devoró los Melocotones de Inmortalidad pertenecientes a la Emperatriz, así como las Píldoras de Indestructibilidad que pertenecían a un tal Señor Laozi. Como consecuencia, las autoridades celestiales no tuvieron más opción que tratar de subyugarlo.

Sin embargo, el mono venció varias veces, incluso a un ejército celestial de cien mil soldados, que no es moco de pavo. Pero finalmente, con el esfuerzo de muchas deidades, fue capturado. El problema era que el mono no era bicho fácil de matar: tras varios intentos de ejecución fallidos, se le encerró por último en un caldero de gran poder, esperando que fuera consumido y destilado en un licor por sus llamas... pero tras casi cincuenta días de cocción, el caldero explotó y el molesto simio salió de él más fuerte que nunca, y con la nueva habilidad de "ver" la maldad en cualquier forma a través de sus ojos. Don't fuck with Chuck.

Desesperados, el Emperador y las autoridades del Cielo apelaron entonces al Buda mismo. Éste apostó a Sun Wukong que no podría escapar de la palma de su mano. El mono, que se sabía capaz de cubrir miles de kilómetros en un solo salto, aceptó la apuesta. Así, dio un gran brinco y aterrizó en un paraje desolado: nada había en el horizonte a excepción de cinco pilares, por lo que asumió haber llegado a los límites del Cielo. Para probar que había estado ahí, escribió su nombre en uno de ellos, y marcó el lugar con su orina (estamos hablando de un mono, recuerdo). 

Después, Sun saltó de regreso y aterrizó sobre la palma de Buda. Sonriendo, éste le sugirió que se girara. El mono lo hizo y vio que el "pilar" sobre el cual había escrito era un dedo de Buda: había perdido la apuesta. En fin, al menos había llegado a hacer sus necesidades en la mano de Buda, que tampoco está tan mal...

Inmediatamente, el simio trató de escapar, pero Buda volteó su palma y le hizo caer bajo una montaña. Ahí permaneció el Rey Mono prisionero por cinco siglos, hasta que se ofreció a servir a Xuanzang el monje, quien se disponía a hacer un viaje 'al Oeste' (a la India) para recuperar las escrituras budistas para China. 

Estatua de Xuanzang en la Gran Pagoda del Ganso Salvaje (Xi'an, China).


Durante el resto de la historia, Sun Wukong ayuda fielmente al santo varón, que, visto el historial delictivo del monito, debía ser antepasado del tipo de Hermano Mayor. A la expedición se irán incorporando un cerdo (Zhu Bajie) y el llamado Monje de Arena (Sha Wujing), a los que se les ordena seguir a Xuanzang para redimir sus crímenes. El grupo se enfrenta a más de ochenta conflictos antes de regresar a salvo al Imperio Tang con su misión cumplida. Apuesto a que tanta trama daría para todos los rellenos de Naruto. 

Sun Wukong en la cultura sino-japonesa... y más.

El festival de Sun Wukong se celebra el octavo mes lunar en el calendario chino, e incluye recreaciones de sus juicios, como caminar sobre carbón encendido o subir escaleras llenas de cuchillos (yuju).

El mismo Mao (hombre campechano) usó a Sun Wukong a menudo durante su mandato como ejemplo de comportamiento, elogiando su “temeridad de pensamiento, capacidad de trabajo, concentración en el objetivo”.

Por su parte, como quizá los que hayan crecido con Dragon Ball sepan o sospechen ya, Son Goku está parcialmente basado en Sun Wukong. Es más: Son Goku es la pronunciación nipona del nombre del personaje chino. A su vez, elementos inspirados en la historia del Rey Mono aparecen también en manganimes como Inuyasha, Naruto, Shin Chan, Love Hina o Shaman King, en películas (por ejemplo, The Forbidden Kingdom, con Jet Li y Jackie Chan) y en videojuegos (caso de League of Legends; gracias a Daniel por el apunte). Por ejemplo, Infernape (en japonés Goukazaru), un pokémon de la cuarta generación, está inspirado también en este personaje.



La verdad es que yo me quedé en Pokémon Cristal...

Parece suficientemente probada la importancia de esta leyenda para la cultura del Extremo Oriente. Sin embargo, hay grandes historias que merecen dar el salto a la universalidad, y éste podría ser el caso de "Viaje al Oeste". Al menos, eso es lo que parecía según se vino especulando a mediados de 2011: nada más y nada menos que Neil Gaiman, con el asesoramiento técnico de James Cameron y la financiación de un multimillonario productor chino, iba a ser el encargado de escribir una adaptación de la epopeya del Rey Mono para la gran pantalla (se llegó a hablar hasta de una trilogía). 

El mismo Gaiman confirmó entonces los rumores en su blog personal, pero, al menos hasta donde sabemos a fecha de escribir estas líneas, el proyecto permanece en punto muerto. Esperaremos, ¿verdad?
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*El Ruyi Jingu Bang es un bastón mágico que puede cambiar de tamaño según el deseo de su dueño. Usado en la construcción de la Vía Láctea, Wukong lo consigue del palacio submarino del Rey Dragón. Son Goku, basado en Sun Wukong, posee un bastón muy similar, llamado Nyoibo. El objeto también aparece en Naruto, como técnica de invocación personal de uno de los Hokage.

martes, 24 de julio de 2012

Cotilleos regios: Luis II de Baviera y el príncipe de Thurn y Taxis

El siguiente texto está dedicado a la figura de Luis II de Baviera, o Ludwig, como se le llama en Baviera, donde estoy pasando unos días preciosos. Hipersensible y esteta, fuera de Alemania ha pasado a la fama con el sobrenombre de 'el rey loco'. Pero la cuestión de su salud mental, bastante controvertida, no nos ocupa en esta ocasión. Hoy la cosa va de pasiones dignas de folletín y de trayectorias malogradas. Pasen y vean.

El rey de cuento, el mirlo blanco*


Paul Maximilian Lamoral, príncipe de Thurn und Taxis (1843 – 1879), fue el tercer hijo de Maximilian Karl, sexto príncipe de Thurn und Taxis, y de su segunda esposa, la princesa Mathilde Sofie. 

En 1863 Paul fue asignado como oficial al servicio del entonces príncipe heredero de Baviera, Ludwig (futuro Luis II). En septiembre de ese año, los dos jóvenes se hicieron íntimos durante una estancia de tres semanas en el pueblecito alpino de Berchtesgaden.

Así, un año después de la subida al trono de Ludwig en 1864, el también apuesto Paul fue ascendido a ayudante de campo real. Durante los dos años siguientes, Paul von Thurn und Taxis fue su más cercano amigo y confidente, siendo apodado por él, al parecer, 'fiel Friedrich':

“Déjame asegurarte que siempre alimentaré con la misma sinceridad los sentimientos de agradecimiento y leal amor que te profesa mi corazón. Recuerda con amor a tu fiel Ludwig" (carta de Ludwig  a Paul).

Ludwig en 1863
Se dice que los dos jóvenes acabaron siendo amantes. Parece que Paul mantenía un diario que podría haber esclarecido la cuestión, pero éste fue destruido por su familia (más tarde se entenderá el porqué). Sin embargo, una carta de 1866, escrita a Ludwig desde su apartamento en la Türkenstrasse de Múnich, es reveladora:

“¡Querido y Amado Ludwig! Justo estoy acabando de escribir en mi diario, mientras pienso en las hermosas horas que pasamos juntos esa tarde hace una semana, que me hiceron el hombre más feliz sobre la Tierra... Oh, Ludwig, Ludwig, ¡te adoro! No podía soportar a la gente que me rodeaba; permanecí rígidamente sentado y, en mis pensamientos, estaba junto a ti... Cómo latió mi corazón cuando, al pasar por la Residenz, vi una luz en tu ventana." 

Paul como Lohengrin
Paul y Ludwig compartían su pasión por el teatro, especialmente por Wagner. El primero, que poseía una hermosa voz, cantó varias veces para el rey. 

Una de ellas fue en la representación de Lohengrin que tuvo lugar con ocasión del veinte cumpleaños real en el palacio de Hohenschwangau, a orillas del Alpsee. Para la ocasión no se escatimó en lujos. Paul, caracterizado como el caballero wagneriano, con una reluciente armadura plateada, recorrió el lago en un cisne artificial, todo ello iluminado con luz eléctrica. Un alarde de extravagancia y lujo (y kitsch) muy típica del Märchenkönig, rey de cuento, otro apodo para Ludwig en Baviera.
Tras la partida forzosa de Wagner de Múnich en diciembre de ese mismo año (1865), el príncipe Paul sirvió como mensajero e intermediario entre Ludwig y el compositor. El rey, aparentemente, llegó a coquetear con la idea de abdicar para seguir a su héroe musical al exilio,** pero éste, ayudado por Paul, le disuadió de ello en una reunión de incógnito en su villa de Tribschen, que tuvo lugar en 1866. 

Paul viajaría a Tribschen de nuevo en agosto, para intentar convencer a Wagner de que volviera a Múnich. La siguiente carta de Paul al rey está fechada el día 7 de agosto: 
“Acabo de abandonar el íntimo círculo de los queridos amigos (es decir, Richard y Cosima Wagner) y me he retirado a la confortable habitacioncilla que compartimos cuando estuvimos juntos aquí... ¡Hermoso recuerdo! Él y la señora Vorstal (esto es, Richard y Cosima) mandan sus más calurosos saludos. Que Dios te proteja y te mantenga en el trono. Ése es su deseo y el mío propio, pues sólo así podemos lograr nuestro elevado ideal. Los resultados de mi misión, mejor te los haré saber de viva voz, y creo que los encontrarás satisfactorios... Pero buenas noches por ahora, en mis pensamientos te saludo un millar de veces. Tu sincero y fiel Friedrich.”
Pero pronto las cosas empezaron a ir mal entre Luis II y el apuesto Paul. Parece que hubo quienes intentaron hacerle caer en desgracia, y las calumnias llegaron a oídos del monarca, acusando al joven de llevar una vida licenciosa. El inocente Ludwig, criado en un mundo de ensueño ajeno a la maldad y las intrigas, creyó los rumores sin otorgar a su íntimo amigo el beneficio de la duda.

Además, aunque los sentimientos de Ludwig por Paul se habían ido convirtiendo más y más cada vez en un profundo amor, la relación entre ambos se mantenía en un muy delicado equilibrio. Aunque triviales, estos tropiezos (demasiada confianza en una ocasión, titubeos o poca efusión en la siguiente) afectaron a Ludwig hasta hacérsele insoportables. Así, decidió sacar al joven de su vida. Aparentemente, el "error final" de Paul fue tan trivial que ni él mismo fue consciente de haberlo cometido. Cuando supo que había perdido el favor del rey, le envió cartas llenas de desesperación, que no recibirían respuesta:

“¡Mi Ludwig querido! En nombre de todos los santos, ¿qué te ha hecho tu Friedrich? Qué dijo para que no le honrara ninguna mano, ningún buenas noches, ningún 'nos vemos'? No puedo expresar cómo me siento, puede que el temblor de mi pulso ilustre bien mi desasosiego. No pretendí hacerte daño. Perdóname; sé bueno conmigo otra vez, me temo lo peor - no puedo soportar esto. Ojalá estas palabras conciliadoras lleguen a ti. ¡Amén! Perdona a tu desdichado Friedrich."

Las tribulaciones del joven von Thurn


La cizaña sembrada dio sus frutos. En noviembre de 1866, Paul fue "liberado de sus obligaciones" como ayudante de campo, y transferido a un regimiento artillero "en gentil reconocimiento a sus servicios". Desde entonces, empezó a beber descontroladamente. Así, en un estado de angustia y agitación, acabó cruzándose en el camino de la soprano judía Elise Kreuzer, quien actuaba en un teatro muniqués (el hoy Staatstheater am Gärtnerplatz), y con la cual "pasó una noche en una pensión, demasiado borracho para recordarlo más tarde. A la mañana siguiente cada uno siguió su camino, pero poco más de un mes después ella le anunció que era el padre del hijo que esperaba". 

Paul en los buenos tiempos. 1864.
Paul y Ludwig no volvieron a verse nunca más. En enero de 1867, el primero abandonó el ejército bávaro bajo extrañas circunstancias. Bajo el alias "Rudolphi", se trasladó a Wankdorf (Suiza), junto a Elise. Allí nació su hijo, a quien llamaron Heinrich por su abuelo materno, famoso cantante de ópera. Pero los padres de Paul, de una distinguida y noble familia, habían encargado a la Policía bávara dar con él para convencerle de que abandonara a Elise. En consecuencia, se mudaron de nuevo en agosto. 

Decir que corrían malos tiempos para los Thurn und Taxis es quedarse corto. Sumado al escándalo de la deshonrosa unión y fuga de Paul, su hermana Amalie había muerto en febrero de ese año a los veintidós años. Su hermanastro, Maximilian Anton, príncipe heredero de Thurn und Taxis, falleció igualmente en junio estando en la treintena. Además, en julio, con la anexión de Frankfurt (donde se hallaba la sede de la próspera compañía de correos que había aupado a la familia a ser una de las más ricas de la nobleza alemana) a Prusia a consecuencia de la Guerra austro-prusiana, la era del monopolio postal de los Thurn llegó a su fin.
En consecuencia, en 1868 el príncipe Paul fue obligado por sus parientes a un matrimonio morganático con Elise, siendo desheredado y desposeído de sus títulos, rango y derechos de nacimiento; todo a cambio de una pensión de seis mil florines anuales. Paul continuó escribiendo a Ludwig sin éxito, incluso suplicándole que le concediera un título. El 19 de junio, Ludwig le inscribió en la lista de la nobleza bávara, como Herr Paul von Fels. Sin embargo, su instancia para obtener el reconocimiento oficial de nobleza hereditaria fue rechazada meses más tarde. 
Desesperado, Paul intentó volver a contactar con Wagner, como revela un fragmento del diario de Cosima Wagner en 1869: "...Hans no trae sino malas noticias de Múnich; además de ello una carta de Paul von Fels (el antes príncipe Taxis), que quiere una cita de algún tipo, y que, para garantizarla, ¡viene cargada con un montón de cotilleos! A las tres, paseo en barco con los tres pequeños y R."
Paul hizo una nueva intentona de reconciliación con su padre, visitándolo junto con Elise en agosto de ese año en el castillo Donaustauf, de nuevo sin éxito. Así, decidió por fin convertirse en actor teatral en Zúrich. Sin embargo, su carrera fue corta: terminó al tener que salir de escena en una representación por los abucheos del público. 
Elena de Thurn y Taxis
Tras la muerte de su padre en noviembre de 1871, su cuñada, Elena de Thurn y Taxis***, pasó a ser cabeza de familia hasta que su hijo fuera mayor de edad. Mujer diplomática, intentó volver a poner en contacto a Paul con el rey, y casi tuvo éxito. En 1874, la prensa recogía que Paul volvería a ostentar el apellido familiar, y que iba a ser nombrado mariscal del palacio Herrenchiemsee y maestro real de ceremonias. Sin embargo, finalmente todo quedó en agua de borrajas, por razones que desconocemos.
En 1877, por su parte, Elise se convirtió en la prima donna del teatro de Freiburg. Al parecer, "exigía a su marido que después de sus actuaciones lanzara al escenario un ramo de flores a sus pies, y que mandara a sus amigos hacer lo mismo"
Poco después, el infortunado Paul enfermó de tuberculosis, y marchó con Elise a Lugano, donde empeoró. Ella inició entonces un affaire con un oficial prusiano que se hospedaba en el mismo hotel, y se acabó fugando con él, "dejando a su marido, que había renunciado a tanto por ella, morir solo", el 10 de marzo de 1879 en Cannes, "recordando al único amor verdadero de su vida". Fue enterrado allí, en el Cementerio del Grand Jas, bajo el nombre de Paul von Fels. Visto lo visto, no puede decirse que fuera un hombre con suerte.

El mismo año la viuda, bajo el nombre de Elisabeth von Fels, se unió al Teatro Municipal de Lübeck, junto a un tal Arno Cabisius, con quien se casó dos años más tarde, y que más tarde se convertiría en director del Teatro Municipal de Magdeburg, cargo que ella asumió a su muerte. Por lo demás, el destino de Heinrich von Fels, el hijo de Elise y Paul, y a quien ésta también abandonó cuando dejó a su esposo, sigue siendo un misterio. Con él cerramos esta trágica historia que parece salida de un "Hola" de la época. Pero los cotilleos regios, cuando media la distancia histórica, parece como que tienen más empaque, ¿no?

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* El texto de este post está mayormente extraído de Wikipedia en su versión alemana (aunque con modificaciones, alguna adición y algún recorte). Los fallos en la traducción del artículo original que pueda haber son responsabilidad mía.
** El binomio Wagner - Ludwig dio para mucho. Próximamente me gustaría extenderme más sobre esta relación de amistad y mecenazgo llena de luces y sombras. Permanezcan atentos a sus pantallas.
*** La dama en cuestión también merecería un post en sí misma. Nacida en la casa de Wittelsbach, fue pensada en un primer momento como esposa ideal para Francisco José de Austria, aunque éste prefirió a su hermana menor, que era, atención, la sin par Sissi. El parecido físico entre ambas era obvio, como pueden apreciar en el retrato incluido en la entrada.

lunes, 23 de julio de 2012

I


"Es muy peligroso, Frodo, cruzar la puerta," solía decirme. "Vas hacia el camino, y si no cuidas tus pasos no sabes hacia dónde te arrastrarán." — J.R.R. Tolkien, La Comunidad del Anillo (1954)

Sally Mann: Black eye, 1991


Bienvenidos a este pequeño rincón de Internet que nace sin un propósito claro, más bien como cajón de sastre. La vida es demasiado apasionante como para ponerse límites fijos. Más interesante es desafiarlos... en todo caso, eso creo yo.

Pero bueno, a lo que estamos. Seguramente encontrarán por estos pagos chascarrillos históricos, siglo XIX a tope, arte y literatura, y quizá también reseñas de música, libros y cine. Puede que mucho más, puede que algo menos. Ya se verá.

Gracias por su interés y disfruten de su estancia.